El instante donde la persona se despoja de su ser y entra en la piel del personaje, vive, respira y siente como el y de esa forma se ofrece al espectador.
La pose corporal, la escenografía, la iluminación, el maquillaje dan el marco para la representación. La fotografía no hace más que meterse tambien en ese respetuoso silencio con el que se aprecia la obra, y lo atesora en un disparo de la cámara.